& Nos reclaman el escenario y la vida, el medio y el hábitat, sostenes y condiciones de toda posible gestión humana. Desde tales puntos de vista, Mar del Plata aparece ocupando una zona que corresponde fitogeográficamente a la denominada provincia pampeana, cuya vegetación dominante original y propia de una estepa o seudoestepa de gramíneas (pastos y pajas) dista considerablemente de la abundante variedad de especies que la caracteriza desde hace décadas. En el pasado, en el pastizal característico de la pampa no había árboles. Pero cuando el hombre inició las actividades agropecuarias introdujo los primeros ejemplares. Por eso hallamos hoy en la zona innumerables montes de diversas especies exóticas o importadas. Se destacan los bosques de talas -matizados por saúcos, sombras de toro y coronillas-, que crecen sobre médanos en los que existen espesos depósitos de conchillas, o sobre barrancas de arroyos y lagunas, como sucede correlativamente con los talares de las lagunas Mar Chiquita y de los Padres. Otra de las comunidades arbóreas dominantes es la de los vegetales capaces de colonizar la arena y típicos de los médanos costeros. Abundan también las especies relacionadas con los ambientes acuáticos (arroyos, bañados y lagunas), como juncos, totoras y espadañas, los vegetales sumergidos (la gambarrusa y la cola de zorro) y los flotantes (lentejas de agua y helechitos de agua). En la zona serrana son frecuentes los arbustos como el curro, la chilca y la carquejilla. En la fauna del partido de General Pueyrredon predominan elementos de origen subtropical, con influencia creciente de elementos patagónicos. Su población se caracteriza por la presencia de especies asociadas a pastizales, lagunas, bañados y ambientes abiertos. En nuestros días la fauna nativa se halla modificada netamente por la ganadería, la agricultura, la caza, la forestación, la urbanización y por otras actividades humanas. En el distrito se han clasificado en total unas 263 especies diferentes de vertebrados que incluyen 179 variedades de aves, 37 de mamíferos, 21 de reptiles, 14 de peces continentales y 12 de anfibios.
El curro es un arbusto muy espinoso, característico de las sierras de Balcarce y Mar del Plata. Un extenso curral forma parte hoy de la Reserva Integral Laguna de los Padres, ubicada a 14 kilómetros al oeste de Mar del Plata y con una superficie total de 687 hectáreas. En cuanto a la laguna, a la que se puede acceder por la Ruta 226 " tiene una longitud máxima de 2.065 metros y un ancho de 1.700 metros, una superficie del orden de las 316 hectáreas y una profundidad que varía entre 1,25 y 2,40 metros según los aportes de aguas fluviales y pluviales. Además de la vegetación originaria de la región, la reserva cuenta con montes cultivados de eucaliptos, pinos, cipreses, fresnos, acacias, sauces, álamos, ligustros, olmos, araucarias y casuarinas. La fauna de la zona de la laguna es abundante, con más de ciento veinte especies de aves, entre las que figuran macaes, gallaretas, garzas, chiflones, mirasoles comunes, cuervillos de cañada, cisnes comunes y de cuello negro, diversas especies de patos, gaviotas, biguaes, picos de plata, etcétera. En juncos, totorales y otras inmediaciones de la laguna no suelen faltar golondrinas, chimangos, gavilanes, lechucitas, lechuzones, palomas, torcacitas, carpinteros, horneros y zorzales. La fauna lagunera incluye carpinchos y coipos o nutrias, comadrejas, cuises y ratones, mientras que en la serranía contigua encontramos zorros, comadrejas, hurones, vizcachas, peludos y mulitas. En este último hábitat se suele ver ejemplares de ciervo dama y de ciervo axis, originarios de Asia e introducidos en la década de 1930 con fines ornamentales y cinegéticos. Entre los anfibios corresponde mencionar las ranitas de zarzal, las ranas criollas, escuercitos y sapos, sapitos de panza roja y especies afines. Hay algunas especies de culebras vinculadas al medio acuático, totalmente inofensivas, mientras que en las sierras podemos encontrar esas mismas culebras y ejemplares de falsa coral, que tampoco es venenosa. En los pastizales abunda una lagartija sin patas llamada viborita de cristal.
Por imperio de relieves y de pendientes, la geografía nos acerca ahora al océano y su costa, dominio del lobo marino. Postal clásica de la banquina de pescadores del puerto marplatense, la Otariaflavescens o lobo marino de un pelo sufrió durante décadas aguda indefensión y refugiaba su mole de hasta quinientos kilogramos depositándola sobre lanchas y muelles. Por iniciativa de la Fundación Fauna Argentina nuestros lobos marinos disponen ahora de un asentamiento ubicado sobre una pequeña playa de la costa interna de la escollera sur, prácticamente en el comienzo mismo de esa obra de protección portuaria. Integran la colonia unos ochocientos ejemplares, machos todos ellos, que en épocas de celo y reproducción (enero y febrero) se desplazan hacia loberías mixtas. Lo hacen, desde luego, los lobos sultanes (un 50 o 60 por ciento del total), que dejan la reserva a sus congéneres jóvenes, subadultos y seniles. En 1994 la especie fue declarada Monumento Natural de Mar del Plata, en razón del interés histórico, estético y científico que el lobo marino ha despertado en la ciudad. Funciona también en el puerto la Estación de Recuperación de Aves Marinas, donde reciben tratamiento pingüinos debilitados por la acción del petróleo contaminante del mar y condenados a una muerte segura. De esas aves oceánicas imposibilitadas de volar se conocen unas diecisiete especies, ocho de las cuales habitan aguas argentinas, subantárticas y antárticas, figurando entre ellas el pingüino de penacho amarillo, el de Magallanes y el pingüino rey. El programa se lleva a cabo con la participación de la población, que recoge las aves y las entrega a instituciones tales como la Fundación Fauna Argentina, el Museo Municipal de Ciencias Naturales, el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero y la Prefectura Naval Argentina. Sometidos en la Estación de Recuperación a los tratamientos específicos de limpieza natural o de aplicación de disp'ersante, y una vez recuperados en forma total, los ejemplares son trasladados por vía aérea para su reinserción en las colonias correspondientes.
Además de la población zoológica estable, el área portuaria tiene sus visitantes periódicos infaltables. Se trata de las aves del sistema migratorio panamericano que optan por la ruta de la costa atlántica para su desplazamiento masivo anual y han elegido como lugar de reposición de energías y de provisión de alimentos las lagunas del puerto de Mar del Plata. Fue por 1985 cuando la Universidad Nacional de Mar del Plata, el Rotary Club del Puerto, la Fundación Vida Silvestre y otras instituciones y vecinos preocupados por la preservación del medio ambiente comenzaron a manifestarse en favor de la creación de una reserva natural en el sector portuario. Las diecisiete hectáreas de la Reserva Natural del Puerto, delimitadas por el Complejo Punta Mogotes, el predio que ocupó Gas del Estado, el flanco sur portuario, las arenas de la costa y el bulevar Martínez de Hoz, se caracterizan por estos detalles: constituyen un ambiente silvestre dentro del ejido urbano; acreditan alto valor en materia de actividades educativas e interpretativas; permiten un fácil acceso de grupos educativos, formales e informales, y por ende, la integración del hombre con el medio ambiente; y facilitan la integración del turismo y la recreación con vistas a la tutela del medio ambiente, su comprensión y la formación de una conciencia de respeto y conservación de los recursos naturales. La flora de la reserva está compuesta por juncos, totoras, lentejas de agua, helechitos de agua y algas filamentosas, en el sector acuático, y por ortaderas, malvas silvestres, gramíneas, tamariscos y siempreverdes, el sector terrestre. En cuanto a la fauna, se puede observar ejemplares de más de novenespecies de aves que utilizan el sector como zona de alimentación (cises de cuello negro y coscoroba, patos zambullidores, chorlitos, gavios cangrejeras, palomas antárticas y golondrinas) o como residencia ermanente (garzas blancas, patos, chimangos, gallaretas, teros, benteeos y biguaes). Hay por último animales anfibios (sapos, ranas), alguos reptiles y pequeños mamíferos.
A continuación de la Reserva Natural del Puerto de Mar del Plata y en dirección sur, la costa se hace laguna, médano y playa. Las lagunas costeras, a pesar de encontrarse próximas al mar, son de agua dulce, aportada por fuentes freáticas. Originariamente estaban sometidas a un régimen de anegamientos de origen pluvial, aunque en la actualidad exhiben modificaciones deriva~ das de la construcción y el funcionamiento del Complejo Turístico de Punta Mogotes; en cuanto a los médanos costeros no llegan a constituir una cadena articulado ni significativa, manifestándose como dunas frontales con cubiertas vegetales variadas. Las extensas playas, por su parte, han sido favorecidas por un proceso de acumulación de arenas transportadas por deriva litoral motivada por la escollera sur. En todo ese litoral la vegetación característica está constituida por totorales, juncales y otras comunidades propias de bañados de aguas permanentes. Al aproximarnos a la franja de playas, la vegetación es la típica de las zonas de dunas del litoral bonaerense, con predominio de diversas especies de gramíneas. La fauna de la región está representada por más de ochenta especies de aves, entre las que es posible mencionar macaes, biguaes, garzas, patos y gallaretas, chorlitos y gaviotas, palomas y golondrinas, benteveos y churrinches, entre otras. En la zona de los médanos se encuentra la lagartija arenícola, antiguamente de gran distribución en la costa marpla~ tense. En último término, en este rápido y placentero viaje, encontramos el Paseo Costanero Sur, que vincula Mar del Plata con la ciudad de Miramar. Denominado oficialmente Reserva Turística y Forestal Paseo Costanero Sur, fue forestado por el hombre en la década del '50 con el propó~ sito de impedir movimientos de arena que obstaculizaban el tránsito vehicular por la ruta contigua y paralela, la 11 sur. Se utilizaron en esa oportunidad pinos marítimos, aromos transparentes y tamariscos, que no solo han fijado la arena sino que sirvieron para crear y perfeccionar suelos. Esos espesos montes configuran actualmente un paisaje que no tiene igual en el litoral atlántico argentino y que alterna y combina extensas playas, acantilados y deslumbrantes vistas marinas.
Siempre sobre la costa, apenas siete kilómetros al norte, el Parque Camet es un espacio verde ganado para la vida. Sus 136 hectáreas de superficie total incluyen 40 hectáreas de monte, integrado mayoritariamente por eucaliptos y variedades de coníferas. Por su ubicación, su talante y su fisonomía, Camet concreta una síntesis cabal de campo, bosque y mar, con el toque urbano de servicios y disponibilidades para las necesidades y demandas del momento. Una somera descripción nos obliga a recordar la existencia de canchas de juego, parrillas, hamacas, toboganes, subibajas y otras posibilidades para la expansión infantil. Al respecto corresponde poner de relieve la instalación del complejo recreativo para niños, con un laberinto forestal, calesita y pelotero. Y, como detalle significativo, el rescate de los viejos cisnes que años atrás se deslizaban por el recordado arroyo de la entrada. En el Parque Camet tiene su asiento e instalaciones de confitería, caballerizas, corrales y pistas de salto el Club Hípico Mar del Plata. Allí se disputan también partidos oficiales del torneo local de rugby y encuentros especiales de ese deporte, así como partidos de hockey organizados por la Asociación Amateur Marplatense de Hockey sobre Césped. Como novedad corresponde mencionar el complejo ciclístico, de 1.900 metros de longitud, marcado a la vera del camino de acceso. El Parque admite también la práctica del aeromodelismo y la infaltable disputa de entusiastas picaditos de fútbol. Elegido por nuestros estudiantes para la celebración anual de su día, Camet quedaría trunco -y disminuido en sus proyecciones- si omitiéramos dos hechos fundamentales a lo largo de todo el año: es punto dominical de encuentro y celebratorio de la familia congregada ante el altar pagano y suculento del asado criollo, y dispone de un lugar de preferencia para nuestros mayores: la Feria Artesanal de la Tercera Edad. El Parque Camet se erige así en un modelo de patrimonio natural y recreativo en favor de la calidad de vida.
Hay quienes eligen, si no la soledad, una prudente distancia con aquello que un poeta clásico denominó "el mundanal ruido". Prefieren el canto de los pájaros, el rumor de la brisa entre las ramas y el diálogo del viento con la inquieta agitación del follaje. Para ellos, esa preferencia tiene en Mar del Plata un nombre, sin desmedro ni detrimento de otros: el del Bosque de Peralta Ramos. Emplazado sobre la calle Mario Bravo entre la 34 y Cervantes, ese barrio residencial se erige en uno de los más bellos de la ciudad y de los más ricos en materia de forestación. Cuatrocientas hectáreas de bosque alternan la presencia, la pujanza y el ornamento de acacias australianas, eucaliptos glóbulus, pinos insignes, cipreses, lambercianas, fresnos ame~ ricanos, álamos, pinos de Alepo, acacias blancas y australianas, pinos marítimos, tilos, olmos y aromos. Sector residencial por excelencia, el Bosque de Peralta Ramos, declarado Reserva Forestal por la Municipalidad de General Pueyrredon, compatibiliza su dimensión de naturaleza con una armónica urbanización y una infraestructura de servicios y caminos de circulación acorde con la calidad, la jerarquía y la belleza de sus residencias y sus parques privados. El ejido urbano multiplica, por otra parte, lugares y nombres de diversos espacios públicos que por la cantidad y la calidad de sus especies arbóreas llevaron a sus autoridades a declararlos igualmente reservas fo~ restases. Ellos son -además del bosque ya descripto y del Parque Camet- los barrios El Tejado, Las Margaritas, La Florida, El Sosiego, Las Dalias, Santa Rosa del Mar, Parque Montemar y El Grosellar. Entre las reservas forestales figura, por último, un lugar de privilegio, distante del radio urbano, aunque incluido en el sentimiento del marplatense y de muchísimos de sus visitantes, en el repertorio de nuestros lugares entrañables: la Sierra de los Padres. A título informativo conviene reseñar que las especies arbóreas aquí implantadas brindan los'beneficios de fijar el polvo atmosférico en forma mecánica, moderan el clima y, a modo de verdaderas cortinas ambientales, amortiguan la contaminación por el ruido.
El mar prodiga la majestuosidad de su horizonte. 0, tal vez mejor, de sus cambiantes horizontes. La sierra puede erigirse en atalaya y mangrullo de verdes cercanías, de prometedores surcos o de perfiles urbanos desdibujados por la bruma y la distancia. A dieciséis kilómetros de Mar del Plata, sobre la Ruta 226, una cinta asfáltica permite el acceso a la Sierra de los Padres, perteneciente al sistema orográfico de Tandilia, que con su elevación media de ciento cincuenta metros sobre el nivel del mar se erige en cabal mirador de su entorno. Agreste y urbanizada, con presencia áspera de roca y certeza de serenidad y armonía visual, la sierra abunda en construcciones de chalets y otras residencias de descanso, muchas de ellas de ocupación permanente, disponiendo además de una adecuada infraestructura de servicios, comodidades y requerimientos de la vida moderna. Sobre el camino de acceso a la sierra, a unos dos mil metros de la Ruta 226, el viajero tiene la oportunidad de acceder al minizoo El Paraíso, que con sus siete hectáreas de bosque permite el desarrollo de una granja con animales domésticos y la coexistencia de un sector destinado a especies autóctonas del continente americano, en especial de la provincia de Buenos Aires, y una zona de especies exóticas en la que conviven, en un marco de hábitat natural, ciervos colorados, axis, damas y también antílopes. Al llegar el visitante a la cumbre de la sierra, accede al punto panorámico, desde el que se domina un variado paisaje de quintas circundantes, la Laguna de los Padres, esa auténtica ruta jardín que es la 226 y, a lo lejos, el perfil ya borroso de Mar del Plata y sus torres de departamentos. En uno de los sectores de la Sierra de los Padres desarrolla sus actividades el club de golf del mismo nombre, con su cancha de dieciocho hoyos en medio del esplendor y la dadivosidad de la naturaleza. La sierra presenta una muy rica y variada fauna y flora. Pinos, eucaliptos, aromos, cedros, fresnos, olmos, talas, sauces, curros y chilcas alternan lo exótico con ejemplares de especies autóctonas. Allí vuelan calandrias, zorzales, chimangos, pájaros carpinteros y palomas torcazas. En la cercana laguna habitan pejerreyes, dientudos, chanchitas y los inevitables bagres y tarariras.